La Coctelera

SOY UNA TRAIDORA

Cuento lo que no debería de los demás, y lo que es peor, de mí misma

10 Diciembre 2008

S. o la cárcel feliz

Mi amiga S. lleva saliendo con su novio desde los 16 años. Ni que decir tiene que el amor le sorbió tanto el sentido común que no dudó ni un segundo en ir abandonando a sus tiernas amistades de aquel entonces. Empezó poco a poco, hasta llegar a excluirse completamente. En menos de un año se hizo una extraña muy cercana, que te contaba lo feliz que era con sonrisa, pestañeo, y un tonillo pastelón, demasiado agudo para ser del todo cierto.

7 años más tarde, nos reunió de nuevo. Blanca y radiante va la novia, dicen. Ninguno lo creímos. En su boda era un fantasma, una novia cadáver, delgada, y aparentemente feliz, pero con una sombra demasiado larga.
No sé por qué se puede llegar a ese extremo. No sé cómo una persona puede dejarse llevar, sin una plenitud determinante. Es posible que las relaciones largas a veces sean como una bola de carne mal masticada. No sabes cómo escupirla sin quedar mal. O, es más posible aún, que en este caso el sofá que tenemos en casa sea bueno, bonito, y barato. El típico sofá que por los años que ha estado en casa tiene ya la forma de nuestro culo. Nos es cómodo, y con eso basta. Si se está bien, ¿para qué cambiar? Pero el conformismo no hace que se esté realmente bien. Es un apaño, una seguridad, es simplemente lo que conocemos. Pero no nos llena del todo.
Le di un año para el crío. Y acerté.

Año y medio después de la boda, volvió a llamarnos. Tenía algo importante que contarnos. A mi entender había dos posibilidades: la buena, que se había separado; la mala, que estaba embarazada. Lógicamente y contra mi buena fe en ella, ocurría la mala. Embazazo de 4 meses, un varón, para perpetuar la estirpe. En aquella noche se habló de su futuro hijo tan sólo unas 3 ó 4 veces. Volvía a ver esa sonrisa forzada, ese tonillo aniñado demasiado largo. No mostró casi ni un ápice verdadero de ilusión, de alegría, de emoción por el niño. Lleva años siendo una máscara, una experta en el maquillaje de fondo. Pero se le ven las grietas a distancia, por mucho que no quiera. Es una mujer infeliz atrapada en una cárcel que se ha creado ella misma. Sonríe lánguidamente tras los barrotes.

Si logra salir algún día, Peter Pan se quedará pequeño a su lado... pero nosotros seremos demasiado mayores para seguirla.

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28 Noviembre 2008

El gruñón esquivo o la puta insatisfecha

Seguro que conocéis alguno. Tiene un corte simpático, alegre, si en el fondo no es mala persona. Pero cuando algo le toca un poquito las pelotas es un revulsivo. Se retuerce, mira mal, gruñe. Pero no a la cara. Por lo bajini, como una puta a la que no le gusta cómo se la meten y disimula sus quejidos con raros gemidos.

Yo tengo uno. Es un tío majo, pero no puedo trabajar con él. En cuanto algo no le gusta o no está de acuerdo, se emborrona y su cara es un tachado múltiple. Sale la ironía, pero de una forma tan sutil que logra su propósito sin hacer revuelo. Y lo peor es que tiene el genio de una arpía. Serpentea, creando el mal rollo sin ir directamente. Deja caer sus ironías y sus quejas a un par de personas, y que ellas se encarguen de repartir el Mal a los demás. Delega esa grata responsabilidad mientras él sigue con su media sonrisa de cara a todos. Lo que hace que no se solucione nada (y que los mensajeros del Mal acaben majaretas), porque hasta que él no decida escupirnos a todos juntos nadie va a ir a preguntarle. Faltaría más. Que pa chulos y putas nosotros.

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26 Noviembre 2008

Ratones, rateros y cerdos en el Alcampo de La Vaguada

  • Ratones y rateros.

Aunque parezca de coña, hay una plaga de ratones descomunal dentro del Alcampo. Se comen la comida, en especial la fruta. Muerden los envases. Y campan a su antojo. El otro día uno salió de entre las cestas de plástico, y se cruzó toda la entrada principal más chulo que un ocho. Hasta saludaba a la gente, el tío.

Y aunque vuelva a parecer de coña, hay otra plaga, esta vez de rateros. Carteristas sin ningún escrúpulo que roban a las viejas día sí y día también. Pobres. Ayer veía cómo una lloraba desconsolada ante el seguridad de turno. La inocente había dejado su cartera (como la mayoría de la gente) en un bolsillo de la parte trasera de su carrito de la compra. El chorizo sólo tiene que esperar a que la abuelita se distraiga cogiendo fruta, y en un periquete ya ha abierto la cremallera del bolsillo y se ha hecho con un pedazo de pensión de la señora.

Lo peor de estas dos situaciones, es que no se solucionan por parte de la empresa. Entiendo que cerrar un negocio para fumigar un par de días implica pérdidas (y millonarias en el caso de un Alcampo), pero más pérdidas y sobre todo mala fama pueden aparecer cuando los clientes se encuentran de cuando en cuando con visitantes no deseados o mordisquitos donde no deberían estar.
Lo mismo con los desgraciados que roban a las viejas. Con un simple cartel neutro del tipo "Vigilen sus pertenencias" ya estarían dando a entender el posible peligro. Pero no, prefieren dejarlo estar. El silencio. Aquí no pasa nada.

  • Cerdos de navidad.

Pasamos del interior de la empresa, al exterior. Porque los clientes también tienen su punto. Y es que la gente tiende a ser muy cerda. Un supermercado se convierte para el cliente en un espacio enorme del que no tiene por qué hacerse responsable de nada. Y así, reina la anarquía. Los guantes de plástico para coger la fruta no se tiran a pesar de haber papeleras a la vista, sino que se dejan en la cesta de la compra que proporciona el super. Como esta cesta la reutiliza otro cliente, se encuentra los plásticos (y algún que otro objeto o alimento que la persona anterior ha decidio no llevarse) dentro.
Lo lógico sería que el cliente cívico tirase esos plásticos a la basura, y más cuando en la zona de cestas hay dos papeleras bien visibles. Pero no, con la ley del mínimo esfuerzo en las manos, simplemente cogen esos plásticos y los pasan a la cesta que tengan más cercana; por lo que paulatinamente y con el paso de las horas (el supermercado se abre de 9'00 a 22'00 horas), las cestas son más un árbol de navidad (hecho de plásticos de colorines, comida y objetos) que decora la entrada.

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6 Noviembre 2007

Lo poco gusta, lo mucho... (El amigo pelma)

Hace meses un amigo de otra ciudad vino a pasar unos días de visita. El chico me cae muy bien, es agradable y salao. Y no anda muy bien de dinero.

Por tanto, cuando me preguntó por alguna pensión en mi ciudad, le dije que podría quedarse unos días en mi casa. Total, por unos días...

Pues acabé de él hasta las narices. Le veía más que a mi madre. Era despertarme, y ahí estaba. Salir al parque, y acompañarme. Comer juntos. Ver la tele juntos. Ir de cañas, de paseo, de copas... sólo me faltaba que fuésemos juntos al baño.

He aprendido que los coleguitas, mejor fuera de casa. Que en la intimidad hasta el más bonico da asco.

Tags: amigos, pelma

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20 Abril 2007

La llorona

Si digo la verdad, odio a los llorones. Todas esas personas que se autocompadecen me dan grima.
Entiendo que alguien lo pase mal, pero que continuamente lo vea todo negro me deja tonta.
Conozco a una llorona. Lo ve todo mal. Y ahora es peor, porque le ha dejado su pareja y no sabe vivir. Es increíble como la gente puede arrastrarse tanto.
Que si la vida es una mierda, que si no tiene sentido, que si no me gusta nada de lo que hago o cómo soy.
Lloros tontos, cobardes. Porque por más que hagan porque los demás se compadezcan de ellos, la verdad es que son incapaces de cambiar.
Y así, mi llorona, seguirá llorando por los siglos de los siglos.
Y yo, seguiré muriéndome de risa cada vez que veo las pataletas que monta.

Tags: llorona

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4 Enero 2007

La secta del "English Cut"

Trabajo en una fábrica de ilusiones y regalos según su director de marketing, y de culebrones seriados según esta que escribe.
Rencillas, odio, líos y celos se cruzan en las entrañas de los uniformados de verde inglés.

A nivel general, con un simple apunte basta: ¿se han dado cuenta de que en estos grandes almacenes españoles, no existe ningún trabajor de cara al público que sea negro o hispanoamericano? Y si encuentran alguno estará limpiando las papeleras o cargando cajas...

Pero vamos a acercarnos más. Los culebrones del trabajador de a pie de estos grandes almacenes son de los más variopintos. ¿Alguien ha visto Crimen Ferpecto? Refleja muy bien algunos de los dimes y diretes del día a día de esta secta verdinglés.

Sí, siempre hay un guaperas encorbatado, repeinado hacia atrás, que se tira a media planta.

También existe la legión de gallinas que te comen la oreja y luego te destripan en el baño. Y todas, absolutamente todas, nos llamamos Mari.

Las buitronas sanguinarias son las peores, que son capaces de lo que sea con tal de robarte una venta y subir su comisión.

Además existen jerarquías. Por ejemplo, en los días señalados. Llega un día de amor y paz como el 25 de diciembre, y se pone un fondo común para compar un poco de comida y bebida, que se guarda en el almacén y puedes pasarte de vez en cuando a echarte un traguito y comer un poquito de jamón. Eso sí, el color de la camisa que lleves importa. Y mucho. Las verde inglés van primero. Luego las de negro. Y por último, las de camisa blanca, que no las conoce nadie porque son novatas. Las pobres de blanco, se enteran las últimas de que ya pueden pasar al almacén a picar un poco. Si ha sobrado algo, claro.

Y sobre rencillas, mejor casi ni hablar. El honor es muy susceptible en mi trabajo, desde luego. De cara a los clientes, nos denominamos compañeros, pero si alguna vez vendiesen katanas la sangre correría a lo Kill Bill. Casi cualquier cosa es válida para tener un duelo a muerte con alguien: coger unas tijeras o celo de alguna mesa, echar basura en otra papelera, cambiar el horario un día, vender algo de otro departamento, cambiar de canal en la televisión del área de descanso... y mil cuestiones más como estas, tan importantes y vitales para trabajar.

De todas formas, no creo que sea nada del otro mundo. Seguramente en muchos otros sitios funcionan parecido. Simplemente, es lo que he conocido.

Y me encanta traicionarles y contar lo que veo...

Tags: english cut

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3 Enero 2007

Más robos

Lo reconozco: yo también soy una ladronzuela. Desde que empecé a trabajar estas navidades, me he llevado: tres pintalabios, un eyeliner en lápiz, otro líquido, un botecito de maquillaje, otro de crema, una sombra de ojos, y un montón de muestras de colonia y de tratamientos para la cara.

Creo que está bien la cosa...

Eso sí, al menos yo no me como los cosméticos.

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30 Diciembre 2006

Robos glotones

Donde trabajo tenemos a una clienta adicta al robo. Ella nunca lo confesará, pero le gusta llevarse los probadores de pintalabios en la boca.
Sí: los muerde, y arranca del envase la barra de labios, guardándosela dentro. Ya lo dicen, en boca cerrada...

Al comérselas en vez de metérselas directamente al bolso, le debe de parecer que es menos ladronzuela.
Tiene predilección por las de color rosita o naranja. Al menos tiene gusto.

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Sobre mí

Desvelar un secreto es como tener un orgasmo en plena sequía. Alivia, pero no calma ni mucho menos. Así que por favor, déjenme contar las mil y una historias que nunca, en mi verdadero nombre ni a viva voz, podré contar...

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