Ratones, rateros y cerdos en el Alcampo de La Vaguada
- Ratones y rateros.
Aunque parezca de coña, hay una plaga de ratones descomunal dentro del Alcampo. Se comen la comida, en especial la fruta. Muerden los envases. Y campan a su antojo. El otro día uno salió de entre las cestas de plástico, y se cruzó toda la entrada principal más chulo que un ocho. Hasta saludaba a la gente, el tío.
Y aunque vuelva a parecer de coña, hay otra plaga, esta vez de rateros. Carteristas sin ningún escrúpulo que roban a las viejas día sí y día también. Pobres. Ayer veía cómo una lloraba desconsolada ante el seguridad de turno. La inocente había dejado su cartera (como la mayoría de la gente) en un bolsillo de la parte trasera de su carrito de la compra. El chorizo sólo tiene que esperar a que la abuelita se distraiga cogiendo fruta, y en un periquete ya ha abierto la cremallera del bolsillo y se ha hecho con un pedazo de pensión de la señora.
Lo peor de estas dos situaciones, es que no se solucionan por parte de la empresa. Entiendo que cerrar un negocio para fumigar un par de días implica pérdidas (y millonarias en el caso de un Alcampo), pero más pérdidas y sobre todo mala fama pueden aparecer cuando los clientes se encuentran de cuando en cuando con visitantes no deseados o mordisquitos donde no deberían estar.
Lo mismo con los desgraciados que roban a las viejas. Con un simple cartel neutro del tipo "Vigilen sus pertenencias" ya estarían dando a entender el posible peligro. Pero no, prefieren dejarlo estar. El silencio. Aquí no pasa nada.
- Cerdos de navidad.
Pasamos del interior de la empresa, al exterior. Porque los clientes también tienen su punto. Y es que la gente tiende a ser muy cerda. Un supermercado se convierte para el cliente en un espacio enorme del que no tiene por qué hacerse responsable de nada. Y así, reina la anarquía. Los guantes de plástico para coger la fruta no se tiran a pesar de haber papeleras a la vista, sino que se dejan en la cesta de la compra que proporciona el super. Como esta cesta la reutiliza otro cliente, se encuentra los plásticos (y algún que otro objeto o alimento que la persona anterior ha decidio no llevarse) dentro.
Lo lógico sería que el cliente cívico tirase esos plásticos a la basura, y más cuando en la zona de cestas hay dos papeleras bien visibles. Pero no, con la ley del mínimo esfuerzo en las manos, simplemente cogen esos plásticos y los pasan a la cesta que tengan más cercana; por lo que paulatinamente y con el paso de las horas (el supermercado se abre de 9'00 a 22'00 horas), las cestas son más un árbol de navidad (hecho de plásticos de colorines, comida y objetos) que decora la entrada.





dada dijo
¡Glups! ¡Cunde la amistad en el blog de la traidora!
26 Noviembre 2008 | 06:27 AM