S. o la cárcel feliz
Mi amiga S. lleva saliendo con su novio desde los 16 años. Ni que decir tiene que el amor le sorbió tanto el sentido común que no dudó ni un segundo en ir abandonando a sus tiernas amistades de aquel entonces. Empezó poco a poco, hasta llegar a excluirse completamente. En menos de un año se hizo una extraña muy cercana, que te contaba lo feliz que era con sonrisa, pestañeo, y un tonillo pastelón, demasiado agudo para ser del todo cierto.
7 años más tarde, nos reunió de nuevo. Blanca y radiante va la novia, dicen. Ninguno lo creímos. En su boda era un fantasma, una novia cadáver, delgada, y aparentemente feliz, pero con una sombra demasiado larga.
No sé por qué se puede llegar a ese extremo. No sé cómo una persona puede dejarse llevar, sin una plenitud determinante. Es posible que las relaciones largas a veces sean como una bola de carne mal masticada. No sabes cómo escupirla sin quedar mal. O, es más posible aún, que en este caso el sofá que tenemos en casa sea bueno, bonito, y barato. El típico sofá que por los años que ha estado en casa tiene ya la forma de nuestro culo. Nos es cómodo, y con eso basta. Si se está bien, ¿para qué cambiar? Pero el conformismo no hace que se esté realmente bien. Es un apaño, una seguridad, es simplemente lo que conocemos. Pero no nos llena del todo.
Le di un año para el crío. Y acerté.

Año y medio después de la boda, volvió a llamarnos. Tenía algo importante que contarnos. A mi entender había dos posibilidades: la buena, que se había separado; la mala, que estaba embarazada. Lógicamente y contra mi buena fe en ella, ocurría la mala. Embazazo de 4 meses, un varón, para perpetuar la estirpe. En aquella noche se habló de su futuro hijo tan sólo unas 3 ó 4 veces. Volvía a ver esa sonrisa forzada, ese tonillo aniñado demasiado largo. No mostró casi ni un ápice verdadero de ilusión, de alegría, de emoción por el niño. Lleva años siendo una máscara, una experta en el maquillaje de fondo. Pero se le ven las grietas a distancia, por mucho que no quiera. Es una mujer infeliz atrapada en una cárcel que se ha creado ella misma. Sonríe lánguidamente tras los barrotes.
Si logra salir algún día, Peter Pan se quedará pequeño a su lado... pero nosotros seremos demasiado mayores para seguirla.

luis dijo
es una estupides
29 Septiembre 2009 | 08:45 PM